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Seis consejos para bajar tu tensión

 

Casi la mitad de la población española padece hipertensión, una enfermedad que aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares.

 

La tensión o presión arterial es la fuerza que realiza la sangre sobre las paredes arteriales, resultado del volumen de sangre que el corazón expulsa en cada latido, en contraposición a las resistencias periféricas de las arterias. Se considera que una persona tiene hipertensión cuando los valores de tensión arterial exceden lo que la comunidad científica establece como máximo, que es 140 mm Hg de máxima(presión sistólica) y 90 mm Hg de mínima (presión diastólica). De acuerdo con los datos del estudio Di@bet.es, aproximadamente el 42,6% de la población española padece hipertensión, si bien es más común entre hombres (49,9%), que entre mujeres (37,1%). Tal como informa José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación Española del Corazón (FEC) "La mayoría de la población española son hipertensos ligeros; hay un porcentaje mayor de hipertensos moderados y un porcentaje relativamente escaso de hipertensos severos".

La "asesina silenciosa"

La hipertensión es conocida como "la asesina silenciosa", ya que la persona puede no saber que la padece, por eso es tan importante controlarla de manera periódica, ayudando así a prevenir numerosas enfermedades relacionadas con el lecho bascular como es el infarto de miocardio, la insuficiencia cardiaca, los accidentes cerebro vasculares, la patología renal y, también, enfermedades oculares, ya que la hipertensión en la retina puede producir lesiones que conducen a la ceguera.

¿Cómo prevenirla?

A continuación, enumeramos seis sencillos hábitos de vida que recomienda la FEC para luchar contra la hipertensión:

  • Dejar de fumar. Los fumadores tienen de dos a tres veces más riesgo de sufrir un accidente cardiovascular. Según informan desde la FEC, la arterioesclerosis es muy común entre fumadores y, además, el tabaco favorece la aparición de fenómenos trombóticos, produce disfunción endotelial y modifica el perfil lipídico, reduciendo el colesterol bueno y aumentando el colesterol malo.
  • Reducir el consumo de sal. Aunque la OMS recomienda no superar los cinco gramos de sal al día, se calcula que consumimos de media entre diez y doce gramos diarios de este mineral. Y es que la sal está presente en muchos productos que consumimos de manera habitual: casi todos los alimentos procesados y precocinados, incluso los cereales del desayuno, que aparentemente son dulces, contienen gran cantidad de sodio.
  • No beber alcohol. Aunque muchas personas creen que el consumo moderado de alcohol es beneficioso para la salud cardiovascular, la evidencia científica demuestra todo lo contrario: el consumo de esta sustancia aumenta las tasas de mortalidad por enfermedades hepáticas, cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Es probado también que altera los valores de la presión sanguínea, por eso el consumo de alcohol está especialmente desaconsejado entre hipertensos.
  • Realizar actividad física regular. Cuando se practica ejercicio físico, se produce un bombeo de sangre hacia los músculos que los hace más eficientes, por lo que el corazón no se ve obligado a bombear con demasiada fuerza. La actividad física regular (realizada más de tres veces a la semana durante una hora), favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, contribuyendo también a bajar la tensión. Andar a buen ritmo, correr y nadar son actividades muy recomendables entre los hipertensos.
  • Mantener un peso saludable. Las personas obesas tienen de dos a tres veces más riesgo de padecer hipertensión que aquellas que tienen un IMC saludable. Los expertos de la FEC señalan que, aunque el mecanismo fisiopatológico que relaciona peso y presión sanguínea es aún desconocido, sí se sabe que el peso es uno de los factores que aumenta la presión sanguínea en el 95% de los casos. Epidemiológicamente los cardiólogos lo tienen muy claro: una persona que adelgaza, reduce su tensión.
  • Controlar el colesterol. La población hipertensa suele presentar niveles más elevados de colesterol LDL (el "malo") y menores de HDL (el "bueno") que la población con cifras normales de presión arterial. Al acumularse en las arterias, esta sustancia grasa impide la normal circulación del flujo sanguíneo, lo que puede propiciar la aparición de hipertensión. La combinación de fármacos como las estatinas, el ejercicio físico regular y una dieta adecuada (baja en grasas saturadas, rica en fibra y ácidos grasos insaturados y pobre en sodio), reducen la incidencia de la hipercolesterolemia y, por tanto, de la hipertensión.




Fuentes

Revista Española de Cardiología (estudio Di@bet.es)

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