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Comida bonita = ¿Comida sana?

 

Estamos “rodeados” de platos realmente preciosos y apetecibles. Sin embargo, la comida más bonita no es siempre la más saludable. 

 

De acuerdo con investigadores de la Universidad del Sur de California (USC) los consumidores eligen inconscientemente la comida más agradable y tentadora a la vista porque la consideran más saludable. Para poder desentrañar la complejidad de cómo las percepciones de la belleza impulsan nuestro apetito y nuestras decisiones de gasto, los autores de este trabajo han utilizado las ciencias sociales y la psicología. Linda Hagen, autora principal del estudio y profesora asistente de marketing en la Escuela de Negocios Marshall de la USC afirma que “Con frecuencia los especialistas de marketing diseñan la comida para que resulte atractiva. En nuestras mentes, las personas relacionamos la belleza estética con la naturaleza y las cosas naturales, lo que nos lleva a percibir la comida bonita como comida sana”. 

Cuestión de geometría 

Según este estudio de la USC, los consumidores vemos unos 7.000 anuncios de comida y restaurantes al año (alrededor de 19 por día), y aproximadamente tres cuartas partes de los mensajes promueven la comida rápida. Equipos de estilistas de alimentos y herramientas digitales se encargan de conseguir que los alimentos anunciados sean sumamente irresistibles. ¿El resultado? hamburguesas arquitectónicamente imposibles, pizzas formando una circunferencia perfecta y coloristas cascadas de nachos y patatas fritas. Según Hagen características como la simetría, los patrones, el orden y el equilibrio son señas de identidad de la belleza clásica, porque imitan la naturaleza. Además, investigaciones previas en neurociencia sugieren que ver imágenes deliciosas de alimentos activa la corteza gustativa del cerebro, esencialmente simulando el sabor placentero de la comida. 

Cuatro estudios que prueban que vemos lo bonito saludable 

La investigación de la USC quiso determinar si la estética bonita tiene otros efectos menos obvios en la elección de alimentos, evaluando si los alimentos atractivos parecen más saludables para los consumidores y, por lo tanto, influyen en sus decisiones. Para ello, llevaron a cabo diferentes experimentos en los que participaron un total de 4.300 individuos. 

En el primero de ellos se pidió a los participantes que buscaran en Internet y eligieran muestras de comida bonita o fea. Los platos elegidos fueron, entre otros, helados, lasaña, tortillas y bocadillos. A continuación, se pidió a los sujetos que determinaran si la comida era nutritiva y saludable o no. De manera abrumadora, tanto hombres como mujeres informaron que la comida bonita era más saludable. 

En el segundo, los sujetos implicados tuvieron que elegir entre dos imágenes de tostadas de aguacate: una de ellas medias lunas de aguacate perfectamente puestas sobre el pan, mientras que la otra representaba una masa verde gruesa untada sobre el pan. Los participantes informaron que la versión bonita de la tostada de aguacate era más saludable y natural, pero los alimentos se consideraban igual de sabrosos, muestra el estudio. 

Un resultado casi idéntico se obtuvo en el tercer experimentocon otro grupo al que se le mostró imágenes de alimentos advirtiéndoles primero que la imagen que estaban a punto de ver era estéticamente fea bonita, a pesar de que la imagen era exactamente la misma foto. Los participantes consideraron la comida “fea” menos natural y nutritiva que la comida “bonita”, aunque no hubo una diferencia real. 

Este patrón se mantuvo en un cuarto experimento llevado a cabo en un puesto de productos agrícolas. Los participantes, estudiantes de la USC, recibieron 1 $ para gastarse en dos clases de pimientos: unos eran cosméticamente perfectos, mientras que los otros tenían una forma algo extraña. Cuando se les preguntó cuánto dinero pagarían como máximo para comprar el pimiento morrón, los participantes estaban dispuestos a gastar aproximadamente un 56% más por la fruta perfecta, un impulso que se explicaba por un aumento simultáneo en la percepción de salubridad. 

La trampa de la estética 

Según subraya la autora del estudio, en todos los experimentos realizados las personas percibieron el mismo alimento como más natural cuando su aspecto era más bonito, identificando naturalidad con salubridad. “Los consumidores esperan que los alimentos sean más nutritivos, menos grasos y que contengan menos calorías cuando se ven bonitos según los principios estéticos clásicos, y ese sesgo puede afectar las elecciones del consumidor y su disposición a pagar por los alimentos”, concluye Hagen. 

 

Fuente

Universidad Southerm California  

 


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