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“Frescos”, pese a la mascarilla

 

Evitar salir a las horas de más calor, estar atentos a las sensaciones del cuerpo y, sobre todo, llevar mascarilla, es fundamental para pasar un verano protegido de la COVID-19.

Mientras dure la pandemia, las autoridades sanitarias recomiendan llevar una mascarilla homologada en lugares donde no se pueda mantener la distancia de seguridad establecida (un mínimo de 1,5 metros). Este nuevo elemento sanitario en la indumentaria puede suponer un problema en verano sobre todo en un país como el nuestro, donde se pasará de los 40 °C en muchas provincias. Tal y como explica Matthew Levy, profesor asociado de medicina de emergencia en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins "Es importante ser conscientes de que las mascarillas, aunque son fundamentales para mitigar la propagación del coronavirus, podrían empeorar la salud de algunas personas, ya que pueden provocar un estrés adicional en el cuerpo".


La mejor herramienta contra la COVID-19: la estrategia

Con el objetivo de prevenir el contagio y no empeorar posibles problemas de salud existentes, Levy aconseja a las personas que tengan una afección respiratoria o problemas de salud subyacentes que aumentan el riesgo de complicaciones en caso de COVID-19, como hipertensión, enfermedad cardiovascular o diabetes, que estimen bien los pros y los contras a la hora de salir, para evitar sentirse agobiados y con ganas de quitarse la mascarilla. El experto recomienda también que se preste atención a los signos de problemas asociados al calor, como mareos, aturdimiento y deshidratación, especialmente cuando lleven la cara cubierta.


Consejos para un verano con mascarilla

Los estudios muestran que usar máscaras protectoras puede afectar la cantidad de estrés fisiológico en el cuerpo y elevar el microclima alrededor de la cara. Las personas que tienen un mayor riesgo de padecer problemas asociados al calor (con sobrepeso o con afecciones crónicas como hipertensión), deben estar pendientes de síntomas asociados al calor, como confusión, mareos o aturdimiento, temperatura corporal alta, desmayos, pérdida de conciencia o calambres musculares, especialmente cuando llevan una mascarilla. "Estas personas deben seguir ciertas normas básicas para mantener el cuerpo bien refrigerado, tales como salir por la mañana o por la tarde, a las horas de menos calor, y limitar el tiempo en exteriores. En el momento en que se sientan mareado o con dificultad para respirar, deben buscar un lugar donde la temperatura sea más baja", explica el profesor de la Universidad Johns Hopkins. Beber agua de forma regular para mantener el organismo hidratado es especialmente importante este verano.


¡No mojes la mascarilla!

La manera en que una persona pueda responder al estrés por calor mientras usa una mascarilla depende de una combinación de la intensidad del calor, la duración de la exposición y cualquier afección médica subyacente. Independientemente del tipo de mascarilla, no se debe intentar refrescar la cara empapándola en agua ya que puede comprometer su capacidad de filtración.

 

Fuente

Universidad Johns Hopkins


 

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