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La dieta mediterránea: nuestro seguro de salud

 

De acuerdo con el índice Bloomberg Healthiest Country, España es el país más saludable del mundo. ¿Nuestro secreto? La dieta mediterránea

En el último índice Bloomberg Healthiest Country, un ranking de los países más saludables del mundo, España figura en primera posición, con una puntuación de 92,7. Algunos de los aspectos que nos han ayudado a escalar 5 posiciones desde el 2017 son nuestro sistema sanitario de Atención Primaria y la dieta mediterránea, que incluye el consumo habitual de alimentos como el tomate o el aceite de oliva.

La dieta mediterránea, nuestro secreto

En opinión de los expertos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) la dieta mediterránea además de proporcionarnos una alimentación apetitosa y adaptada a nuestras costumbres, nos ayuda a mantenernos sanos y a prevenir el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas típicas de nuestro tiempo, como la diabetes, la obesidad, enfermedades cardiovasculares o algunos tipos de cáncer, que acortan la esperanza de vida.

Una buena costumbre en peligro

Pese a demostrar que es muy saludable, la dieta mediterránea está perdiendo adeptos. "El nuevo estilo de vida, asociado a los cambios socioeconómicos, principalmente, supone una amenaza para mantener un patrón de dieta mediterránea y que la hereden las generaciones futuras", declaran desde la SEEN. De acuerdo con el Informe del Consumo de Alimentación en España de 2017, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumo de productos asociados con la dieta mediterránea, tales como el aceite de oliva, los mariscos y moluscos frescos, los pescados frescos, las hortalizas frescas y alimentos básicos de alimentación como el pan. Sin embargo el consumo de otros alimentos, como platos preparados, aceite de girasol, arroz, legumbres y pastas, aumenta.

Recomendaciones para no perder la dieta mediterránea

Los expertos de la SEEN han elaborado el siguiente listado destinado a proteger el patrón de alimentación mediterránea:

  • Tomar alimentos ricos en fibra, minerales y antioxidantes.
  • Usar preferentemente aceite de oliva virgen tanto para cocinar como para condimentar ensaladas. Disminuir en la dieta el consumo de grasas animales (como mantequilla, tocino, bollería industrial, carnes grasas, embutidos, quesos, bacon, natas…). No tomar muchos alimentos fritos, pero si se hace, utilizar siempre aceite de oliva virgen y no superar la temperatura de ebullición.
  • Comer más pescado que carne (aportan grasas más saludables). Se recomiendan de dos a cuatro raciones de pescado a la semana.
  • Dentro de las carnes, elegir las que tienen menos grasa, como la de ave sin piel o conejo (en total 2-3 veces semana). Reducir el consumo de carnes rojas (como ternera, cerdo, caza) y, sobre todo, de carnes procesadas, como embutidos. Tomarlas como máximo 2 veces por semana.
  • Los huevos son un magnífico alimento. Pueden tomarse de tres a siete huevos enteros por semana.
  • Fijarse en el etiquetado y evitar el consumo de alimentos elaborados con aceites vegetales hidrogenados o grasas vegetales (de palma o coco) y/o animales. Suelen estar presentes en margarinas comerciales y numerosos productos de bollería industrial como galletas, alimentos de comida rápida, precocinados y aperitivos salados.
  • Evitar alimentos y bebidas a los que durante la fabricación y procesamiento se les ha añadido azúcares, especialmente refrescos.
  • Evitar tomar alimentos ultraprocesados (añaden, con mucha frecuencia, demasiada sal, azúcares y grasa no saludable).
  • Se recomienda ingerir dos raciones diarias de lácteos. En periodos de crecimiento y mujeres embarazadas, lactantes y menopáusicas es aconsejable tomar una ración más. Puede ser entera. No obstante, si está obeso o con sobrepeso, tiene colesterol elevado o presenta cualquier enfermedad cardiovascular, se recomienda tomarla desnatada. El consumo de yogures y/o leches fermentadas es una forma muy saludable de tomar lácteos.
  • La sal, mejor yodada. Se recomienda añadir poca sal a las comidas y evitar los productos enlatados, embutidos y precocinados por su alto contenido en sal. Para dar más sabor a nuestros platos, se pueden utilizar hierbas aromáticas tales como tomillo, perejil, orégano, estragón, pimentón, comino, etc.

 

¿Dónde se ha publicado esta noticia?

Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)


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