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Resiliencia: qué es y cómo desarrollarla

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Resiliencia: qué es y cómo desarrollarla - Adeslas Salud y Bienestar

En este artículo hablaremos sobre la resiliencia, los factores relacionados con su desarrollo, así como el impacto que puede tener sobre la salud y el bienestar emocional. Finalmente, daremos algunas recomendaciones para desarrollar y aumentar la resiliencia.

Es bien conocida la capacidad del ser humano para mantener un funcionamiento psicológico, social y laboral a pesar de sufrir acontecimientos graves y adversos en la vida. La principal explicación se encuentra en el concepto de resiliencia1.

¿Qué es la resiliencia?2-6

La resiliencia es la capacidad de superar, adaptarse y recuperarse de las adversidades, y ser capaces de tener un desarrollo exitoso a pesar de las circunstancias adversas, los traumas o las fuentes importantes de estrés.

Se trata de un proceso dinámico y activo, influenciado por diversos factores, incluyendo la genética, el sexo, las hormonas y los mecanismos que regulan la fisiología del estrés.

La resiliencia no se puede considerar una cualidad extraordinaria, pues puede ser aprendida. Como cualquier habilidad y estrategia de manejo emocional y personal, incluye conductas, pensamientos y acciones que se pueden desarrollar y fortalecer con entrenamiento y trabajo.

¿Qué factores se relacionan con el desarrollo de la resiliencia?1, 5

Son diversos los factores que pueden contribuir al desarrollo de la resiliencia. Uno de los más importantes, según las investigaciones, es el apoyo social y familiar.

Las relaciones basadas en el amor y la confianza, que ofrecen estímulos positivos y seguridad, pueden contribuir a afirmar la resiliencia de la persona.

Otros factores relacionados con la resiliencia que las personas pueden desarrollar incluyen:

  • La capacidad para hacer planes realistas y llevarlos a cabo.
  • Tener una visión positiva de uno mismo y autoconfianza.
  • Poseer habilidades de comunicación y resolución de problemas.
  • La capacidad para manejar sentimientos e impulsos intensos.

Por otro lado, las investigaciones que se han centrado en los fundamentos biológicos de la resiliencia señalan la intervención de varios neurotransmisores, neuropéptidos, factores neurotróficos y hormonas periféricas (como el cortisol y las hormonas gonadales). Además, los estudios de neuroimagen han identificado varias regiones cerebrales implicadas en la resiliencia, como la corteza prefrontal, el cuerpo estriado, el hipocampo y la amígdala, entre otras. También se han sugerido contribuciones del sistema inmunitario y el microbioma intestinal.

Impacto sobre la salud y el bienestar emocional4, 7, 8

La resiliencia es la capacidad de adaptarse positivamente a los cambios y resistir el impacto negativo de los factores estresantes, lo que puede tener una repercusión positiva frente a los problemas de salud.

En este sentido, las investigaciones señalan que la resiliencia psicológica se asocia con un mayor bienestar físico y mental, y un envejecimiento más saludable.

De igual modo, un elevado nivel de resiliencia puede ser relevante para paliar las consecuencias negativas de las enfermedades crónicas y la consiguiente discapacidad.

Por otro lado, una faceta de la resiliencia, la resiliencia física, se ha asociado con el riesgo de mortalidad a medida que las personas envejecen. Diversas investigaciones han profundizado en la relación entre la resiliencia física y el envejecimiento biológico, señalando que una disminución de la resiliencia podría aumentar la susceptibilidad a la mortalidad.

Finalmente, la resiliencia puede contribuir a promover una buena salud mental y prevenir trastornos como la depresión y la ansiedad.

Recomendaciones para aumentar la resiliencia1, 3, 5, 6, 8

Existe una serie de estrategias y recomendaciones centradas en factores clave que pueden contribuir al desarrollo y crecimiento de la resiliencia. Entre ellas destacan:

  1. Mantener una actitud positiva y un optimismo realista:
    • Muchos acontecimientos negativos son inevitables, pero es posible cambiar la manera de interpretarlos y de reaccionar ante ellos.
    • La actitud positiva implica cultivar una buena visión de uno mismo y la propia capacidad para resolver problemas.
  2. Ser flexible en la forma de pensar y aprender a replantear las situaciones:
    • El cambio es parte de la vida. Se deben aceptar las circunstancias que no se pueden cambiar y enfocarse en las que sí pueden ser modificadas.
    • En situaciones estresantes hay que intentar equilibrar los pensamientos adoptando una perspectiva amplia. Esto contribuirá a utilizar en mayor medida la parte racional del cerebro en detrimento de la emocional.
  3. Asentar los valores morales propios y tomar decisiones consecuentes:
    • El estrés puede surgir cuando las acciones no están alineadas con los valores. Hay que identificar los valores principales y asegurarse de que las acciones que se emprenden están alineadas con ellos.
  4. Buscar un modelo a seguir que sea resiliente e inspirador.
    • Conocer historias reales y cercanas de resiliencia puede servir de ayuda para hacer crecer la capacidad propia.
  5. Enfrentar los miedos en lugar de evitarlos y enfocarse hacia lo que se quiere:
    • Cuando se padece ansiedad, estrés o agotamiento, se tiende a evitar las situaciones que incomodan. Es preciso salir de la zona de confort y dar un paso hacia lo que se desea, a pesar del miedo.
  6. Desarrollar estrategias activas para afrontar los desafíos:
    • Revisar cómo se afrontaron los problemas en el pasado e identificar qué resultó positivo para superarlos.
    • No enfocarse en grandes logros difíciles de conseguir, sino plantearse pequeñas metas a corto plazo que pueden llevar a metas mayores.
    • Entrenar de manera constante y rigurosa distintos aspectos que se quieren mejorar.
  7. Construir y cuidar una red de apoyo social sólida:
    • Tener buenas relaciones con familiares, amigos y personas cercanas, disponiendo de apoyo y ayuda.
    • Formar parte de grupos en la comunidad o prestar ayuda a otros colectivos que lo necesiten.
  8. Priorizar el bienestar físico, cuidar la salud y prestar atención a las propias necesidades:
    • Realizar actividades para disfrutar y relajarse, practicar ejercicio físico, meditar y cuidar de la salud física y mental.
    • Procurar un descanso adecuado, mantener una alimentación saludable y manejar y gestionar el estrés.
  9. Reconocer las propias fortalezas y potenciarlas al máximo:
    • En la lucha contra la adversidad las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido a nivel personal.
  10. Buscar y solicitar ayuda cuando se necesite:
    • Recibir ayuda cuando sea necesario es crucial para desarrollar la resiliencia. Un profesional de la psicología puede servir de ayuda para desarrollar una estrategia adecuada para avanzar.

En definitiva, la resiliencia es la capacidad psicológica de sobreponerse a las adversidades que se ve influida por factores biológicos, psicológicos y ambientales. Se puede aprender y desarrollar, y sus implicaciones pueden llegar hasta la salud física y mental de las personas.



 

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Referencias:

1 Neurobiological basis of stress resilience. Neuron. Junio, 2024.

2 Resiliencia: definición, características y utilidad del concepto. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica. Octubre, 2006.

3 Building your resilience. American Psychological Association. Febrero, 2020.

4 Association between psychological resilience and all-cause mortality in the Health and Retirement Study. BMJ Mental Health. Septiembre, 2024.

5 Camino a la resiliencia. American Psychological Association. Julio, 2011.

6 Life can be challenging: Build your own resilience plan. Harvard Health Publishing. Junio, 2024.

7 Resilience in Health and Illness. Psychiatria Danubina. Septiembre, 2020.

8 Resiliencia: desarrolla habilidades para resistir frente a las dificultades. Mayo Clinic. Diciembre, 2023.

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